En Puerto Rico se está planteando un cambio al Código Civil que reconozca las uniones de hecho entre parejas heterosexuales y del mismo sexo. Era de esperarse que el sector religioso objetara y por consiguiente los políticos atados a su campaña para la reelección cada cuatro años se mostraran reacios a realizar una mirada seria. Tengo que plantear lo de seriedad, aunque no suene muy objetivo, porque las discusiones se quedan en lo pequeño, inclusive algunos han argumentado que la definición de matrimonio como la conocemos hoy es la unión civil o religiosa entre un hombre y una mujer. Aquí, todo viento en popa. Claro, la heterosexualidad como panacea a todos los problemas sociales se vuelve la orden del día. La memoria rota que suelen tener muchas sociedades nos hace olvidar los crímenes domésticos que salen a diario en la prensa. Esposos golpean y matan a sus esposas delante de sus hijos y viceversa. Padres/madres golpean y matan a sus hijos/as. Hijos/as -como Lilliam Medina Hernández, la llamada matricida de Aguada- matan a sus padres… etc. Todo esto dentro del esquema tradicional de matrimonio heterosexual. Con esto no quiero decir que no exista violencia en uniones entre personas del mismo sexo… Lo que pasa es que se nos olvida que la conducta humana útil para una sociedad no tiene nada que ver con quién la gente se va a la cama. Me parece tan vulgar que el Estado por presiones fundamentalistas y partidistas no quiera vivir en una sociedad más justa, equitativa y libre de discrimen. ¿Soy mejor o peor si decido compartir mi vida sentimental con alguien de mi mismo sexo? Muchos dirán que sí, yo digo que no. Y lo digo desde mi heterosexualidad.
Al Estado se le olvida que cuando busca recaudar dinero para el erario público todos tenemos que aportar y que tanto los homosexuales como aquellos que vivimos en uniones de hecho no recibimos las mismas exenciones contributivas. Aquellos que somos ciudadanos responsables que pagamos nuestros impuestos no podemos decirle al Estado que uno tiene una unión y que comparte igual que un matrimonio tradicional las responsabilidades que se adquieren en pareja. Un Estado de derecho es aquel que cobija a los/as ciudadanos/as y no a la Iglesia. Así que el gobierno y los políticos son injustos. El gobierno y los políticos son hipócritas. Mientras, los líderes religiosos, a pesar de decir "reconocer" la separación de Iglesia y Estado, insisten en obligarnos a vivir según las doctrinas de sus iglesias aunque habemos quienes no compartimos sus creencias… ¿Quién está mal? Ellos dicen que todos los homosexuales y los que vivimos uniones de hecho. Yo digo que está mal aquel que quiere imponer doctrinas más allá de las cuatro paredes de su templo. Aquel que quiere obligar a todos/as los/as ciudadanos/as a vivir cómo ellos/as creen que se debe vivir. ¿Quién les dijo que tienen la verdad absoluta de todas las cosas? ¿Dios? ¡Qué baje Dios y me lo diga!
4 comentarios
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Me parece muy bien, mientras haya más igualdad, nos acercamos más a la paz del mundo. Esto espero.
Saludos
excelente exposición de la realidad. Mientras tanto en el "otro" Puerto Rico, ya la gente olvido el porque de la pelea (porque "eso" no me afecta) y dentro de unos pocos meses se engavetara el proyecto para dar paso a un absurdo o peor aun se aprobara a toda prisa, a eso de las 3 0 4 de la madrugada para evitar que LOS CIUDADANOS QUE SE VERAN AFECTADOS POR EL CÓDIGO puedan alzar la voz una vez mas ante la injusticia. Con todas mis fuerzas, espero equivocarme y dar un ejemplo como país de lo que es un intercambio de ideas que lleva a la justicia y la equidad social.
hola! hace rato que no te leia porque andaba un poco retirada de la escena bloguera. y bueno me encuetro con este tema interesante y doloroso. la verdad trato de no pensar mucho en estas cosas pues siempre termina uno cuestionando la vida misma. mi premisa siempre ha sido y será defender el amor, el amor asi solito. que nada tiene que ver con el genero
Si no es ahora será en un futuro pero, más pronto o más tarde, se modificará el Código Civil como ha pasado en otros países. La sociedad cambia y las instituciones deben adaptarse, en la medida de lo posible, a ese cambio; lo malo es que siempre va a haber personas con una mentalidad retrógrada que pongan el grito en el cielo cuando consideren que algo o alguien va en contra de lo que ellos consideran “normal”.
Saludos.