| EDITORIAL DE EL NUEVO DIA LAS ARMAS SÍ SON PROBLEMA Pasados los primeros momentos de angustia y estupor, es la hora de reflexionar sobre la masacre de Virginia Tech y proyectar esas reflexiones sobre nuestra realidad particular. [an error occurred while processing the directive]En este país hemos sido afortunados de nunca haber sufrido una tragedia siquiera cercana a la vivida en la universidad de Virginia. Pero, ¿alguien duda que aquí, semana tras semana, se producen crímenes igualmente dolorosos y hasta pequeñas masacres que diezman a la población, particularmente a la juventud? Las armas de fuego son parte fundamental del problema. Tras la matanza en Virginia, se aviva el debate sobre la regulación de la venta de armas en Estados Unidos. En algunos estados, las leyes permiten que cualquier muchacho pueda adquirir una pistola. No así en Puerto Rico, donde la portación de armas, según la interpretación de nuestro Tribunal Supremo, se considera un privilegio y no un derecho, y hay que cumplir con ciertos requisitos. El problema con ese privilegio es que una parte de las armas y las municiones que se venden por la vía legal en el País, están fluyendo cómodamente a los arsenales del bajo mundo. El conflicto se centra principalmente en las armas de asalto como las AR-15, AK-47 o calibre 50, y en la venta masiva de municiones. La excusa del tiro al blanco no parece ser un argumento sólido, puesto que la Federación de Tiro de Puerto Rico ha declarado que no existe ningún evento olímpico, panamericano, centroamericano o regional, avalado por ellos, en el que se usen dichas armas. Y aun en el caso de que existieran, estamos seguros de que, puestos a una consulta, la abrumadora mayoría de los puertorriqueños abogaría por un mayor control. La abundancia de armas y municiones se ha convertido en un quebradero de cabeza desde hace mucho tiempo. Las balas perdidas -o deliberadas- han hundido en el luto a miles de familias. No es lógico ni moralmente aceptable que en una isla tan pequeña, con una población que no llega a los cuatro millones de habitantes, se hayan vendido, tan sólo en el 2006, cinco millones de proyectiles, entre ellos 760,000 capaces de traspasar chalecos antibalas. Eso sin contar los cientos de miles de casquillos vacíos que se recargan y que no aparecen en las estadísticas. En la actualidad, ni el Gobierno ni la Policía tienen una idea concreta de cuántas armas se esconden en nuestra geografía. No se ha logrado sacar adelante ni siquiera una ley que permita a las líneas aéreas informar a la Policía de las armas que se transportan en sus aviones. Y existe evidencia de que con esas armas, llegadas desde Estados Unidos, se han cometido no pocos asesinatos. Tampoco existen mecanismos efectivos para detectar los cargamentos que llegan clandestinos, en lanchas privadas o en furgones. En la práctica, cualquiera se hace con un arma y con municiones suficientes para exterminar un regimiento. Y a todos nos consta que el principal beneficiado es el bajo mundo: sicarios, traficantes y grandes capos que necesitan librar sus guerras y que obviamente no las pueden librar con cuchillos o bates de béisbol. La gran tragedia de Virginia, que tan cerca nos ha tocado con la muerte del joven Juan R. Ortiz, de Bayamón, es un campanazo sobre nuestra propia conciencia y las de aquellos que nos gobiernan. No hay privilegio que pueda anteponerse a la tranquilidad de los ciudadanos honrados del País. Entérese la Legislatura, agúcese el Gobernador y venga la nueva Ley de Armas. http://www.endi.com |
2 comentarios
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados
« Niebla de Miguel de Unamuno (Parte XXIII) | Inicio | Cinema y verité / cortometraje de César Sabater »
Es una realidad. Nos seguimos matando. Sin embargo seguimos quejandonos por el alza de los impuestos, por que no abren mas tarde los centros comerciales, la Legislatura gastando el dinero del pueblo en reconocimientos que realmente, la mayoria, no le importan a nadie. Pero tambien pensando, para que otra ley "muerta"?. Puerto Rico es uno de los paises con mayor numero de leyes a nivel mundial. Crees realmente, que la mayoria de estas han hecho algun efecto, han aportado positivamente a la calidad de vida del puertorriqueno? No. Porque la gente no se entera, por no se implantan ni se velan por su funcionamiento. El seguimiento de una ley es mucho mas que eso, es un aspecto bien personal, arraigado con lo valores, con el pensar, con la importancia que le da el ser humano a la convivencia en comunidad, algo que hace ya mucho tiempo atras dejamos de ser... UNA COMUNIDAD.
Tania: Tienes razón cuando dices que en Puerto Rico hay muchas leyes muertas. Sin embargo, no creo que ante tanta violencia generalizada esté de más hacer unos cambios a la ley de armas que se dirija a la prohibición de estas en todos los sentidos. Para qué vamos a tener armas cerca de niños/as curiosos/as que se disparan con la más grande inocencia. Para que tener accesible armas al peor de los sicarios. ¡Hay que ponérselo difícil!
Aunque tienes razón sobre Puerto Rico y la gran cantidad de las leyes que son letra muerta, también es cierto, que por esta razón no se debe echar a un lado la urgencia de una detente a la violencia y por qué no empezar por restringir las armas en su uso y distribución en su totalidad.